ALBERGUERIA DE ARGAÑAN - PREGON SANTA ANA 2006

Alberto Lanchas

 

Buenas tardes, Señor Alcalde, Señores Concejales, queridos familiares, vecinos y amigos todos.
Si pregonar es anunciar con énfasis algo importante para que todo el mundo lo conozca, lo que yo debería hacer, desde ya, es ponerme a proclamar a los cuatro vientos las excelencias de nuestro pueblo, de sus habitantes y de sus fiestas. Nada me resultaría más fácil, pues tengo sobrados motivos para conocerlas en profundidad. Pero no sería justo que hiciese tal, sin antes mostrar mi agradecimiento al Sr. Alcalde y al resto de la Corporación, por la deferencia que han tenido al brindarme la oportunidad de oficiar como Pregonero de las fiestas de Alberguería, en honor de su querida y excelsa Patrona Santa Ana. Representa un honor que llevaré con orgullo, aún desconociendo cuales han sido mis méritos para merecerlo, pero que siendo como soy, ALBERGALLO de corazón -que no de nacimiento-, hace que me sienta doblemente honrado por la distinción.
Es la primera vez que lanzo al aire un pregón, por lo que antes de acometer tan difícil compromiso, en el que mis predecesores demostraron tan buen hacer, ya os anticipo que os hablaré desde el sentimiento que guardo hacia el lugar que vio nacer a mis padres y en el que mis raíces profundizan no menos de cinco generaciones, y que no es otro, que un profundo amor y una inexorable querencia por este entrañable pueblo de Alberguería que, más aún que un pueblo, es para mi un sentimiento, un estado de ánimo.
No obstante, y como seguro a todo riesgo, hago mías las palabras de Antonio Banderas cuando, desde el balcón del Ayuntamiento de Málaga, pregonó: "que nadie espere alardes literarios, ni ripios floreados, ni retorcidas retóricas. Yo soy hijo del pueblo, y como tal me expresaré".
Y partiendo de tal premisa, empezaré por decir que este pregón no puede ni debe quedarse en el simple anuncio oficial de lo que resulta evidente: el comienzo de las fiestas; sino en un canto a la historia de nuestro pueblo, a su pasado a través de las vivencias propias, a su futuro y, como no, a la grandeza y al mismo tiempo sencillez de sus gentes.
Así es, que para cumplir con lo dicho, introduzco en este punto el primero de tales cantos, que no es otro, que el de la historia de nuestro pueblo. Alberguería es un lugar con una historia tan grande como desconocida. Un lugar que tiene marcadas sus señas de identidad en los muros de su castillo que, aun malheridos por violentas guerras y maltratados, no tanto por los agentes atmosféricos como por la desconsiderada intervención del hombre, se resisten a desaparecer, como conscientes de su condición de ser mudos testigos de la historia y devenir, tanto del lugar como de las gentes que necesitadas de su amparo y protección, se aferraron a ellos creando el embrión de la Alberguería que hoy conocemos.
Y es, precisamente, por la tan estrecha relación entre la historia de Alberguería y la de su castillo que, me permitiré la licencia de evocar la primera apoyándome en hechos en los que, directa o indirectamente, es protagonista el segundo, pues tanto monta, monta tanto.
Así, la referencia documental más antigua que he podido localizar sobre Alberguería, está enmarcada en el siglo XIV. Se trata del interrogatorio realizado en el año 1376 por el juez Gonzalo Pérez de Zamora a campesinos de diversos pueblos de la tierra de Ciudad Rodrigo, acerca de la ocupación ilegal de términos comunales. Del mismo se deduce que la existencia del lugar de Alberguería data, cuando menos, del año 1366, fecha en que fue ilegalmente ocupado por Esteban Yañez Pacheco, caballero noble y principal del linaje de los Pacheco.
Pero es ya en el año 1474, cuando los esposos Alvar Pérez Osorio y María Pacheco se convierten en los primeros Señores de Alberguería, al serles concedida por Enrique IV la jurisdicción sobre el lugar, en agradecimiento a los servicios prestados por su montero mayor Esteban Pacheco, padre de María Pacheco, con el fin de que se pueble, ya que no disponían de tropa privada ni de nadie que defendiese su fortaleza.
Fijaos si sería grande la fama del talento, hermosura y riquezas de doña María Pacheco, que no dudó en pedir su mano un caballero como don Alvar Pérez Osorio, 1er. Marqués de Astorga, Señor de la Cepeda, Conde de Trastámara y Conde de Villalobos, el cual hubo de consentir en las capitulaciones matrimoniales que los hijos del matrimonio llevasen como primer apellido el de la madre.
Como anécdota, os cuento que fruto de las numerosas confrontaciones bélicas que padecen Ciudad Rodrigo y su tierra en los siglos XIII y XIV, resulta una clara política repobladora que da lugar a las llamadas "cartas de vecindad". En una de ellas, el rey Juan II ordena, que cualquier vecino de Portugal que viniese a morar a Ciudad Rodrigo y su tierra, quedaría exento de todo impuesto por 15 años. Y es aquí donde sale a relucir la chispa y agudeza de ingenio que atesoráis por estas tierras, consecuencia del cual, en 1447 fue necesario dictar una ordenanza en Ciudad Rodrigo, en los términos siguientes: "No se otorgarán cartas de vecindad a aquellos vecinos de la ciudad y su tierra que, por no pagar impuestos, se marchen a vivir al reino de Portugal, para después retornar al cabo de un tiempo y ganar la exención"-¡Vaya si eran listos!-.
Pero si la Guerra de Sucesión supuso cuatro años de continuas cabalgadas de los portugueses por las tierras de Ciudad Rodrigo arrasando y robando haciendas, no menos fatigas, sufrimientos y calamidades trajeron los veintiocho años de duración de la Guerra de la Restauración con Portugal. Valga como muestra que en el año 1643 Álvaro de Abrantes, gobernador de la Beira, atacó esta plaza apoderándose de ella y entregándola a las llamas, aunque sin poder rendir su castillo, por lo que se retiró a Alfayates, no sin antes talar y arrasar la campiña y llevarse los ganados.
Tan sólo unos años después, el 12 de marzo de 1660, invaden los portugueses el campo de Argañán con seis mil infantes y ochocientos hombres a caballo. Esta vez sí cae el castillo de Alberguería, que permanece en manos portuguesas hasta el mes de julio de 1661, en que lo recupera el duque de Osuna, recibiendo del rey orden de restaurarlo inmediatamente.
Perdido de nuevo, por segunda vez, los ejércitos de la Monarquía lo recuperan en el año 1664.
Todos estos hechos nos hablan de la gran importancia estratégica que tuvo Alberguería debido a su situación sobre la misma frontera y al hecho de contar con castillo fortaleza para ejercer el control de la misma, y de cuyo declive tenemos noticia a través del Catastro del Marqués de la Ensenada (Alberguería 1752), en el que se le define en estado de ruina y bajo propiedad de Don Vicente Moctezuma, Conde de Alba de Yeltes, Marqués de Cerralbo, Almarza y Flores Dávila.
En abril de 1949 fue declarado Bien de Interés Cultural.
Pero, como ya anticipé, es el momento de hacer el canto al pasado de nuestro pueblo a través de las propias vivencias. Y así empezaré por deciros que uno de los más intensos recuerdos que almaceno en mi memoria lejana, se refiere precisamente a uno de los primeros veranos que pasé aquí, contando a penas tres años.
Todos los años en cuanto nos daban las vacaciones nos veníamos a Alberguería. El verano significaba la ilusión y alegría de poder estar de nuevo con mis abuelos, tíos y primos, y con un buen montón de amigos con los que compartir un inagotable número de nuevas, divertidas y más que arriesgadas experiencias. Venir al pueblo significaba eso que tanto buscamos de mayores: libertad.
Aquí sentí la intensidad de la infancia, de la adolescencia, y de una buena parte de mi juventud, bajo el calor de los seres queridos y al amparo de los lazos familiares. Con cierta añoranza os digo que la Alberguería de aquel entonces era plenamente rural y se asomaba a un campo cuya variedad de olores, sonidos y sensaciones han quedado tan profundamente grabados en mi memoria, que su simple evocación me retrotrae inmediatamente a las vivencias de aquellos felices años. Frente a la enorme ciudad de donde venía, el Pueblo y sus gentes eran algo próximo, inmediato, que casi se podía sentir como un ser vivo.
Alberguería me ofrecía en aquel entonces,..prados, canchales, huertas y pinares, más una hermosa dehesa para correr y disfrutar;…nidos con huevos cuya ubicación celosamente ocultaba;… lagartos, bastardos, ranas y renacuajos;…mi primera jaula con pajarillo que alimentar y cuidar, cual "TAMAGOCHI";…jugar a la chirumba, a "la olla", a "zorro, pico, zaina", a vistas, a guardias y contrabandistas, a los coches con carrocería de lata de sardinas y ruedas de carrete, a moler tierra en las paredes de la calleja de mi abuelo, a pastorear "bugallas" entre "engarillas" de paja y, como no recordarlo, a los arcos que, con tanto esmero nos enseñó a hacer Rogelio.
Alberguería me invitaba entonces,…a ir a Escuela con una lata llena de ascuas a modo de estufa;…a disfrutar del queso y de la leche de la Ayuda Americana;…a montar en el carro;…a trillar;…a ver mallar;…a hacer de tapón entre las piernas de los mayores para recoger la parva;…a ver la trilladora de Nino;…a recoger los cuernos del centeno;…a enrasar la media;…a atar los sacos de trigo;…a estorbar en la escalera del "sobrao" cuando subían los sacos, y a escaquearme para evitar los picores de la paja durante el acarreo;…a ver esquilar y poner "moreno" en los cortes;…a vendimiar y ver prensar;…a montar en la yegua de mi tío Hipólito, gracias a mi tía Tomasa;…a llevar las vacas en la burra, mejor que andando;…a vigilar a la burra durante las 2000 vueltas que, por lo menos, duraba el riego de la huerta, si no más, cuando coincidía que la pandilla te estaba esperando; y… a qué seguir: Un sin fin de cosas más que colmaron mi infancia y adolescencia de felices e inolvidables momentos.
Con el paso del tiempo fueron ya otros los gozos y las sombras de mis estancias en Alberguería. Sabéis que el tiempo filtra y dulcifica los recuerdos para que la vida y las cosas de nuestro pasado, vistas a través de la nostalgia, nos parezcan mejor de lo que en realidad fueron. De ahí aquello de que "Cualquier tiempo pasado fue mejor". Quizá por eso me parece imposible, improcedente e incluso imprudente describir aquí tantos y tan buenos recuerdos como acuden a mi mente. Me lo vais a perdonar.
Pero Alberguería no es sólo pasado, sino también presente y futuro. Es patente hoy que el envejecimiento y la despoblación, las limitaciones administrativas, económicas y culturales, han venido estrangulado los procesos de desarrollo y están aupando a estas áreas de economía débil a enmarcarse entre las comarcas rurales que, eufemísticamente llaman "deprimidas". Pero creo que debemos y podemos ser optimistas. La Comarca dispone de un amplio abanico de soportes y oportunidades: diversas y contrastadas unidades paisajísticas, producción de electricidad, alimentos de calidad, rico patrimonio natural e histórico-artístico, identidad cultural, etc. Pero, además, y como complemento a la posible solución que supondría la aplicación por parte de nuestros regidores de una acertada política de desarrollo rural sostenible, enfocada a la diversificación de las actividades económicas y sociales, en Alberguería tenemos mucho oxígeno, naturaleza, sol, paz y tranquilidad para ofrecer a esa civilización venidera, que necesariamente habrá de administrar su tiempo libre. ¡Seamos optimistas!, aunque con el mazo dando.
Pero, ¿que sería de un pregón si de las fiestas no hablase?. Pues eso, qué no sería tal. Hablemos pues de las fiestas. De ese retorno a nuestras raíces. De esa manifestación de nuestras señas de identidad que, es aquí, en pueblos pequeños como el nuestro, donde se pone de manifiesto el legado cultural y patrimonial que subyace bajo un modesto programa de fiestas.
De las nuestras decía Casiano Sánchez Aires, hace ya más de un siglo, en su libro "GEOGRAFÍA, HISTORICA Y ESTADÍSTICA DEL PARTIDO JUDICIAL DE CIUDAD RODRIGO": "fiestas clásicas, la de Santiago y Sta. Ana, ésta con ofertorio y aquella con bailables y una touradinha. No suelen faltar puestos de golosinas, para tormento de chiquillos embelesados. Acude numeroso gentío, no sólo de España sino del Extranjero (Aldea de Ponte, Forcalhos, Aldea do Bispo, é de outros muitos populos portuenses).El día de Santa Ana llenan de roscas los brazos de las andas colocadas en el Presbiterio; hecha la festividad religiosa matutina con disparo de cohetes, procesión y demás, celebrase por la tarde el Ofertorio, sacando la Santa á la puerta de la Iglesia, y una vez terminado, procede el mayordomo en presencia del Cura á la pública licitación"
Creo que no puede quedar más claro el legado, el mantenimiento de la tradición. Nadie diría que no se trata de la descripción de la fiesta del año pasado . Por eso, y aunque el mundo de hoy esté marcado por lo que se conoce como el proceso de la globalización, por el que los modelos económicos, sociales y culturales de carácter mundial se imponen sobre los de carácter nacional o regional, debemos luchar para que dicho proceso no incida negativamente en la supervivencia y valoración de nuestras mejores tradiciones.
Las fiestas son un acontecimiento ritual, colectivo y cada vez menos espontáneo, desafortunadamente, del que el hombre ha tenido necesidad desde el principio de los tiempos. Las fiestas que tanta ilusión han hecho siempre a los jóvenes y a los no tan jóvenes, nos invitan a romper esa rutina que siempre amenaza con extender una capa de moho sobre la vida. Nos invitan a romper la monotonía. Nos colocan en una situación de confraternización, de relaciones sociales igualitarias, espontáneas y cercanas. Nos colocan, en definitiva, en una nueva y diferente realidad social.
¡Queridos familiares, amigos, vecinos y visitantes! ¡La fiesta empieza ya! ¡Olvidemos lo cotidiano y, diferencias al margen, unámonos todos para cantar, bailar y reír, dentro del mayor respeto y cordialidad. Esa es la diversión que debería manar abundantemente en estas Fiestas de Santa Ana
Pero antes, y ya para finalizar, quisiera haceros partícipes de la gran satisfacción que me ha producido haberme podido encontrar esta noche, frente a frente, con este Pueblo de Alberguería. Con la Alberguería de los míos, de los que son y de los que, aunque se fueron, permanecen vivos en mi memoria. Mi mejor recuerdo para todos ellos, pero… especialmente para mi madre. La Alberguería de mis amigos, de los que están y de los que se fueron….mi recuerdo para vosotros. La Alberguería de las mujeres y de los hombres que la habitaron y habitan, la más profunda esencia de "lo humano"….mi evocación y homenaje para todos vosotros. ¡Este es mi pueblo!
Gracias por vuestra presencia y por la atención que me habéis prestado.
Y ahora, gritad conmigo:
¡Viva Santa Ana!
¡Viva Alberguería!
¡Vivan los Mayordomos, madrinas y padrinos!
¡Vivan sus fiestas!

ALBERTO LANCHAS
La Alberguería de Argañán, 25 de julio de 2006.

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