|

LA CATEDRAL DE CIUDAD
RODRIGO Y LAS CATEDRALES EUROPEAS
Desde que apareció en el
mercado la novela de Ken Follet Los Pilares de la
tierra, surgió un cierto interés entre un público
bastante amplio por el tema de las catedrales
durante la edad media. Hace poco tiempo el autor
Ildelfonso Falcones con su obra La catedral del mar,
a mi juicio, de menor entidad que la anterior,
también ha logrado un éxito de ventas sin
precedentes, confirmando esta tendencia.
Este artículo sobre la catedral
de Ciudad Rodrigo es anterior a este boom, se trata
de un trabajo para la asignatura de Historia
Medieval I en la Universidad de Costa Rica. No
pretende descubrir nada nuevo porque las fuentes me
quedaban a miles de kilómetros, ni era tampoco una
tesis de fin de carrera. Para presentarlo en esta
página le he quitado el aparato de notas, procurando
una redacción más agradable.
I. UN PUEBLO, UNA CATEDRAL, UN
TIEMPO
En la historia de la cultura,
el arte es la memoria conservada en forma de signo.
Pero, sin duda, hay unos signos que son más
significantes que otros, tienen más peso y
trascendencia. Dentro de la cultura occidental
europea del bajo medioevo, las catedrales son uno de
esos signos extraordinarios que expresan las
preocupaciones, los intereses, las esperanzas, las
ideas estéticas y la situación económica de aquélla
sociedad. Por lo mismo, la visión de una catedral
puede hacerse desde diferentes ángulos: la historia,
la cultura, el arte, la arquitectura, la religión...
Intentaré realizar una especie de síntesis,
acentuando de forma especial los aspectos históricos
y sus implicaciones sociales, religiosas y
políticas. La catedral de Ciudad Rodrigo no es una
obra aislada de un contexto histórico, geográfico,
cultural, e ideológico; sólo es posible encontrarla
donde está, en Ciudad Rodrigo, un pueblo del Reino
de Castilla-León.
1. Origen
y coordenadas histórico-geográficas de Ciudad
Rodrigo.
Ciudad Rodrigo es un pueblo
situado en la provincia de Salamanca, en el extremo
oeste de la submeseta norte Castellana,
perteneciente al Reino de León y Castilla para la
época que nos interesa. Además de ser un nudo de
comunicaciones tiene su asentamiento una importante
situación estratégica, defendiendo las posiciones S.
y O. de la provincia, de donde se desprende su
notable papel histórico. Desde muy antiguo hay
constancia de la existencia de un emplazamiento
humano. Se encuentran ya reliquias de los iberos;
mucho más abundantes son los restos romanos. También
han dejado su huella y cultura los sucesivos
pueblos que han pasado por la península Ibérica.
Ciudad Rodrigo hay que encuadrarlo dentro de ese
marco histórico tan accidentado y rico en
confluencia de culturas, pueblos y sistemas. Este es
el punto de partida, las raíces de esta ciudad que
tiene por título el de "Antigua, noble y leal".
Por esta historia tan
accidentada que han tenido los reinos de España,
Ciudad Rodrigo en tiempos de la invasión de los
musulmanes quedó deshabitada. Su alfoz quedó durante
mucho tiempo como tierra de frontera, tierra de
nadie. Las razzias de unos y otros hacían imposible
siquiera la subsistencia de una pequeña población.
Va a ser el impulso
reconquistador de los Reyes de Castilla y León los
que posibiliten el avance repoblador de los siglos
XI y XII porque van a ir alejando a los moros hacia
el sur. La conquista de Toledo en el 1085 por
Alfonso VI, hizo que la frontera se desplazara hasta
el río Tajo. De esta forma, la región de Ciudad
Rodrigo queda libre y puede ser repoblada. Los Reyes
atrapan a los pobladores mediante la concesión de
franquicias o fueros a modo de privilegios. Esto es
muy importante en la configuración de los pueblos
castellanos porque se van a circunscribir en una
línea de independencia respecto a los grandes
señores feudales y de dependencia respecto al rey.
No podemos olvidar que en Europa estamos todavía en
pleno auge del feudalismo. Los signos de
independencia con que van a nacer las ciudades
europeas están prefigurados en las castellanas.
Claro está que las circunstancias son diferentes y
la comparación se hace para no perder de vista la
globalidad.
En el año 1100 Alfonso VI
ordena la reconstrucción y repoblación de Ciudad
Rodrigo, tarea que fue realizada por el conde
Rodrigo González Girón, que le dio su nombre a la
ciudad. Sin embargo, este primer intento no es
definitivo porque una incursión de los árabes vuelve
a despoblar la ciudad. Es, finalmente, con la
llegada del reinado de Fernando II (1157-88) que la
ciudad vuelve a poblarse y ya de forma definitiva.
Mateo Hernández Vegas, canónigo de la catedral, dice
que los pobladores eran procedentes de León, Zamora,
Ávila y Segovia; muchos de ellos nobles y
caballeros, pero también llegaron gentes llanas,
pues ese era el espíritu repoblador. En todas las
poblaciones se acepta indiscriminadamente a cuantos
quieren repoblar siempre que se comprometan a fijar
en ellas su residencia, al menos durante un año.
2. Los nuevos tiempos y el
tiempo de las catedrales.
Uno de los grandes
especialistas de la Edad Media Europea, George Duby,
ya hace bastantes años, realizó una obra maestra "El
tiempo de las Catedrales". Es una serie de ocho
películas sobre la Edad Media en Europa. Además de
la belleza visual y literaria lo importante de esta
obra es que va respondiendo a una serie de preguntas
que tiene el espectador de manera muchas veces
inconsciente: por qué nacen las catedrales, qué
significan, que relación tienen con los nuevos
tiempos que se van viviendo en Europa… Junto a esta
obra maestra el autor tiene varios libros y quiero
señalar especialmente dos que me han servido para
comprender el tiempo de las catedrales: Europa en la
Edad Media y La época de las catedrales. Es cierto
que no podemos equiparar sin más la Baja Edad Media
de la Europa arriba de los Pirineos con la Europa
peninsular, pero no cabe duda que existen ciertos
elementos que son comunes y nos ayudan a comprender
el surgimiento de las catedrales a ambos lados de
los Pirineos.
En la Europa del año mil, la
realidad es lo que llamamos la feudalidad. El
cristianismo y las formas frágiles, preciosas,
veneradas, en que se había introducido durante el
Bajo Imperio la lengua latina, la música, el
conocimiento de los números, el arte de construir en
piedra, permanecían aún como soterradas en las
criptas. La realidad social es confusa y terrible.
La fama de oscurantismo con que ha pasado la Edad
Media es cierta únicamente para este periodo. Los
nobles son unos salvajes, los cultivos miserables,
el hambre abundante, la autoridad del rey
inexistente. Pero en medio de tanta oscuridad hay un
lugar donde se realiza y significa la paz: los
monasterios. Los monjes son unos héroes. El siglo XI
los venera porque ellos son la esperanza de
salvación. Viven al margen del mundo que es el
infierno, pervertido por el pecado, condenado.
El arte monástico es una
llamada a la paz lanzada desde mil abadías. Entre
980 y 1130, los cristianos de occidente no se han
levantado todavía de su prosternación ante un Dios
al que se figuran terrible. Sin embargo, salen del
selvatismo. Producen más. Sacrifican una gran parte
de esas riquezas nuevas. Quieren que éstas sean
consagradas. Y así es como su sueño pudo encarnarse
en obras que vemos todavía y que comprendemos mal.
En este corto intervalo nació el más alto y quizá
también el único arte sagrado de Europa.
En esta lenta transformación
consecuencia de una mayor producción, van
apareciendo nuevas formas sociales y culturales. Una
de ellas es la ciudad, y en la ciudad va a surgir la
catedral. Por definición, la catedral es la iglesia
del obispo. Desde los comienzos de la cristiandad se
estableció un obispo en cada ciudad. La catedral es
pues una iglesia urbana. Lo que el arte de las
catedrales significa, ante todo en Europa, es el
despertar de las ciudades. Lo rústico va a ser
despreciado. La ciudad es el lugar de la abundancia,
es, para los moralistas de la catedral, un lugar de
perdición. Dicen que está viciada por la
concupiscencia, la glotonería, el lujo. Guerreros y
sacerdotes residen allí, pero son los hombres de
negocios quienes mantienen su prosperidad y a veces
las gobiernan solos.
En la ciudad, al correr del
siglo XII, se ha reforzado el sentimiento de que se
cristiano no es sólo hacer ciertos gestos,
recitar ciertas oraciones, sino recordar que un rico
tiene pocas oportunidades de entrar en el reino de
los Cielos, inquietud que incita a dar lo que se
posee; a darlo para construir la catedral. Ésta, no
hay que olvidarlo, bajo sus soberbias apariencias,
es un monumento de humildad, el símbolo de una
renuncia. Procede, como la iglesia cisterciense, del
sacrificio gratuito de beneficios adquiridos
demasiado rápidamente. Si se ha podido construir tan
amplia y con frecuencia tan rápidamente, es porque
los beneficiarios de la expansión urbana, para
salvar su alma que sabían amenazada, daban el dinero
a manos llenas. La catedral domina la fiebre y los
pecados del mundo urbano. Es su orgullo, su
protección, su coartada.
El monasterio se replegaba
sobre sí mismo. La catedral está completamente
abierta. Los tiempos están cambiando, el mundo se
empieza a ver con ojos de benevolencia. La
naturaleza se plasma en los altorrelieves de la
piedra. El monasterio, fruto de una visión pesimista
del mundo, empieza a caducar. Cluny pierde el
esplendor antiguo. El mundo rural deja paso al mundo
urbano aunque esto no quiere decir que desaparezca.
Pero hay otra transformación
fundamental: los reyes empiezan a adquirir poder y
control. Los señores feudales empiezan también a
declinar. En el pórtico principal de las catedrales
el rey y el obispo van a velar los flancos de
Cristo. El juicio terrible del Apocalipsis va a dar
paso a las primeras representaciones de la humanidad
de Cristo. El gótico del siglo XIII ya no anuncia el
fin del mundo de manera que haga temblar.
La eclosión del arte de las
catedrales fue asombrosamente rápida (...) Tal
vivacidad se explica por el impulso de prosperidad
que, surgiendo de los campos, arrebataba a la
economía urbana. Pero también fue efecto de otro
desarrollo que no es disociable del primero, el
desarrollo del conocimiento. Toda catedral tenía a
su lado una escuela. Claro está que también se
estudiaba en los monasterios, pero el monasterio era
clausura. La escuela catedralicia, al mismo tiempo
que la economía mercantil, se expansionó cada vez
más durante el siglo XII. De tales escuelas salió el
espíritu que animó la estética de las catedrales: el
simbolismo de la luz, el sentido de la encarnación,
el concepto de la muerte serena y esta inclinación
progresiva a observar de cerca la realidad de las
cosas, a transcribirla lúcidamente en la obra
figurativa. De tales escuelas vinieron también los
progresos de la técnica constructiva, una ciencia
de equilibrio que permitió, gracias al recurso de
los arbotantes, levantar de un golpe, vez y media
más alto de lo que se había hecho nunca.
3. La Catedral de Nuestra
Señora de la Asunción.
Quedó dicho que es durante el
reinado de Fernando II cuando se repuebla la ciudad
de forma definitiva. Es también este Rey, muy
inclinado a edificar, quien ordenó el inicio de la
construcción de la catedral, aproximadamente por el
año de 1161. En esta acción vemos plasmada la
importancia de la monarquía y la estrecha unión de
la que se ha hablado entre rey-catedral.
El hecho de la construcción de
la catedral traía parejo el de su renovación como
diócesis. Esto se consigue no sin pequeños
altercados, ya que el obispado de Salamanca no
quería desprenderse de esta comarca. Devuelta la
sede episcopal, y comenzada la catedral, el rey
otorgó un documento por el que donaba la tercera
parte de las heredades que él poseía en la ciudad y
su término al obispo y a la catedral, además de otro
tercio de los tributos reales a la ciudad y su
alfoz: pedido, peajes, calonas, quintos, así como la
décima parte de las monedas, incluidas las foreras,
todo como ayuda para la construcción de la catedral
y renta perpetua para su mantenimiento.
Este dato es muy importante
para analizar las diferencias existentes entre la
construcción de la catedral de Ciudad Rodrigo y las
catedrales centroeuropeas. En éstas es la acción
privada el motor de las obras. Ello supone la
existencia de una rica economía de comerciantes y
artesanos, de burgueses en potencia. Por el
contrario en aquélla, la acción del rey es
fundamental. No existe esa clase de ricoshombres
capaces de impulsar una obra de tal magnitud. Este
hecho va a ser sintomático de diferentes desarrollos
sociales en Castilla y en Europa: en ésta se va a
desarrollar una economía capitalista, en aquélla va
a tardar muchos años.
La acción de los sucesivos
Reyes va a ser fundamental para la continuación de
la obras por la confirmación de privilegios y nuevas
donaciones. Fernando III, Alfonso III, Sancho IV,
Fernando IV. Particularmente este rey fue pródigo en
mercedes con Ciudad Rodrigo, que confirma por medio
de un privilegio dado en Burgos a 13 de marzo de
1304 todos los concedidos anteriormente y, además,
eximir al obispo, dean y cabildo, de la obligación
de pechar. Tampoco serían ajenas estas mercedes a la
lealtad de la ciudad a la monarquía. Esta última
frase es importante porque nos da pie para mencionar
las dificultades por las que tuvo que pasar la
ciudad. En efecto, si bien los moros ya no eran un
peligro para la ciudad, Portugal se convirtió en el
enemigo a controlar y Ciudad Rodrigo, por su
posición estratégica, es el blanco de sus malas
intenciones. En esta situación es comprensible que
las obras de la catedral no caminasen al ritmo
deseado. Las obras se interrumpían frecuentemente.
Sin embargo, gracias a los privilegios concedidos
por Doña Maria de Molina en el 1319, se le da un
gran impulso. Este privilegio consistía en el pago
de siete obreros permanentes: "un carretero, e un ferrero, e un masón, e un carpintero e un portero, e
amén de dos menestrales canteros". Este privilegio
fue confirmado por sucesivos reyes: Enrique II,
Enrique III, Juan II, y Enrique IV en 1454.
Esta última fecha es muy
indicativa de las muchas dificultades y problemas
que tuvo que pasar la ciudad para no poder concluir
las obras de la catedral. Desde el año 1161, que dan
inicio las obras hasta el 1454, fecha oficial de su
culminación, pasan casi tres centurias. Esto se nota
en la misma construcción cuyas naves pasan del
románico tardío al gótico. Un observador atento a
este hecho puede deducir la historia turbulenta de
esta ciudad y sus dificultades económicas. Son, por
cierto, los problemas de la corona de Castilla, la
debilidad de sus reyes que se expresan en los apodos
dados por la gente: el Doliente, el Impotente, la
Beltraneja. Hace falta que llegue Isabel para que la
situación se enderece y los nobles y banderías sean
sometidos. En los muros de la catedral están
escritas estas historias.
Pero las obras no terminan
definitivamente en el 1456. Año en el 1526 se están
concluyendo las obras del claustro. Iniciado en el
siglo XI con estilo románico se concluye en el XVI
con estilo plateresco. Todavía en el siglo XVIII se
construye la torre del campanario de estilo
neoclásico y la capilla del Pilar, del mismo estilo.
Con todo, podemos decir que el conjunto de la obra
es de estilo románico de transición al gótico.
Sería interesante una
descripción artística de la obra, pero no es el
objetivo de este trabajo. Con propósito de dar una
descripción general que permita hacerse una idea
global de construcción, se puede decir que su
exterior presenta una gran mole pétrea, muy
armoniosa y de gran belleza, a pesar de la
superposición de estilos que se le han ido añadiendo
a lo largo de los tiempos. Tiene acceso a través de
tres puertas: la de El Enlosado en el brazo
izquierdo del crucero; la de Las Cadenas, que se
abre al mediodía; y la del Pórtico del Perdón,
situada a los pies de la Iglesia y tapada por la
torre de las campanas por cuya puerta se accede a un
pequeño vestíbulo, en el que puede admirarse toda la
grandiosidad y belleza de esta puerta adornada por
cerda de cuatrocientas esculturas de la mejor
factura.
El interior, de estilo
románico de transición al gótico, consta de tres
naves paralelas y crucero. Las bóvedas son de
crucería, excepto las de las capillas laterales de
la cabecera del templo, que son de medio cañón
apuntado. La capilla mayor, reedificada en 1550, es
obra de Rodrigo Gil de Ontañon. Especial importancia
tiene la sillería del coro, obra de Rodrigo Alemán
(s. XVI) considerada de tanto valor como las de las
catedrales de Plasencia y Zamora, que realizó el
mismo artista.
Las capillas laterales también
revisten un gran interés guardando importantes obras
escultóricas, sepulcros, verjas y otras obras de
arte, así como un altar de alabastro, que representa
el Descendimiento de la Cruz, fechado en 1560 y
atribuido a Juan de Juni.
Desde el interior de la
catedral se accede al Claustro que, en parte, fue
construido durante los siglos XII y XIII,
cerrándose lo que faltaba en 1526. Dentro de su
rica y variada ornamentación destaca la plateresca
puerta de salida al patio.
II. EL PESO DE LAS IDEOLOGÍAS.
Ahora podemos ver con más
claridad los aspectos sociales de la ciudad a raíz
de la existencia de la Iglesia Catedral. Ciudad
Rodrigo era una ciudad donde la burguesía comercial
era prácticamente inexistente. El peso de las obras
catedralicias recaía en los Reyes. Ellos estaban
interesados en la consolidación de la ciudad por su
posición estratégica y para ello otorgaron numerosos
privilegios de tierras, exención de impuestos,
concesión de franquicias, mercados… Así las cosas en
la ciudad se consolidan tres grupos sociales: los
guerreros, que mantenía la independencia política de
la ciudad frente a las posibles agresiones; los
vecinos o pobladores, dedicados a las tareas
agropecuarias en la comarca y los miembros del
clero, los oratores que dan sentido a un
estilo de vida duro, difícil de soportar por el
acoso casi permanente a que se ve sometida esa
plaza.
El nacimiento de la ciudad no
va a estar fundamentado en un renacimiento urbano
que ha sido propiciado por el comercio, o por la
llegada de un excedente agrícola de los contornos;
tampoco por el riesgo que toman algunos campesinos
de convertirse en artesanos en la ciudad. El
nacimiento de Ciudad Rodrigo está originado por el
afán de consolidar y colonizar los territorios que
habían sido la frontera entre Castilla-León y los
árabes. La construcción de la catedral se
circunscribe dentro de estas características y esto
es imprescindible tenerlo presente para poder
comprender las relaciones económicas, sociales y
políticas.
Por otra parte, si Duby
afirmaba que la catedral era la manifestación de un
espíritu nuevo, más alegre, más en contacto con la
naturaleza, menos oscurantista, más abierto al
mundo, lo cual va a ser mirado con temor por la
Iglesia, esto no quiere decir que la Iglesia se va a
desinhibir de la nueva forma de vivir, por el
contrario, ella se afianza con fuerza y acierto en
el nuevo estilo. En el caso de la catedral de
Ciudad Rodrigo, la situación es especial, diferente:
la ciudad no era un burgo de intercambio comercial,
ni tampoco de relajación de las costumbres. En la
ciudad se respira aire de cruzada; los eclesiásticos
no tendrán mucha necesidad de predicar contra los
vicios, ni la relajación de la moral. El peso de la
Iglesia va a ser tremendo: el Obispo, el cabildo,
los canónigos, los beneficiados, los sacerdotes, los
frailes, las monjas, los recogidos... son muchas
bocas para una población relativamente pequeña. La
Catedral, institución principal, tiene necesidad de
muchas rentas, de muchas tierras, de muchos ganados.
El posible excedente, fruto del trabajo de los
labradores y agricultores que pusiera las bases a
una ciudad próspera va a parar a las "manos
muertas". Todavía hoy, seis o siete siglos más
tarde al fijarse en la ciudad y ver la impresionante
mole de la catedral y las otras muchas iglesias, se
puede comprender mejor esta afirmación.
En efecto, la documentación que
presenta Mateo Hernández Vegas, canónigo e
historiador de la Catedral y la Ciudad, en el
Becerro de 1389 evita hacer cualquier comentario:
"Apenas se podría creer hoy el grado de prosperidad
y riqueza a que habían llegado por aquel tiempo
Ciudad Rodrigo y su Catedral (...) Concretándonos a
las heredades de la Catedral, eran tantas las casas,
viñas, bodegas, dehesas, molinos, etc., que su sola
enumeración serla interminable. Solamente dentro de
murallas hemos contado, propiedad del cabildo, más
de 160 casas con sus bodegas y cubas (...) Al mismo
tiempo veremos algunos de los pueblos del obispado
que ya existían entonces, y otros desparecidos, cuya
localización serla difícil. Las que se pueden leer
son: Almendra, Aldea de Ribeira, Cortes... y
Alberguería (sesenta y cuatro pueblos). (...) En la
ciudad pagaban mansión a la Catedral las siguientes
iglesias, casi todas desparecidas: San Andrés, San
Mateo, Santivanes, San Paulo, San Marcos, La
Magdalena, San Cristóbal, Santo Domingo, San Pelayo,
San Bartolomé, San Benito, San Juan del Hospital,
Sal Salvador, Santa Cruz, San Vicente, San Simón y
San Nicolás (...) En la socampana se deslindan,
como propias de la Catedral, entre otras heredades,
unas 300 viñas repartidas principalmente en los
pagos de Terralba (...) No es extraño que la
catedral progresara, a la par en la solemnidad del
culto, en la fundación de obras piadosas y benéficas
y en el número y calidad de prebendados, racioneros,
capellanes, ministriles, etc. Las prebendas llegaron
en este tiempo a 33, y además de las dignidades, ya
citadas, hasta de tres arciprestes se hace frecuente
mención en los documentos de este siglo y del
siguiente”.
El texto, a pesar de ser un
poco tardío, sirve para el propósito de esta
sección. Aun mostrando muchas de las propiedades de
la Catedral, no cita todas porque se ha abreviado
para no hacerlo demasiado largo. A esto habría que
añadir otros privilegios concedidos por los Reyes en
relación a exenciones de impuestos, beneficios, etc.
de los que hemos hablando anteriormente.
III. CONCLUSIONES
1.
El prestigio social del clero.
Esto por
razones tanto políticas como económicas. Los
clérigos aparecen tempranamente en Ciudad Rodrigo,
siendo parte integrante de los primeros
repobladores. Poco se sabe acerca de este estamento,
que estaba muy bien representado en sus dos
vertientes del clero secular y regular. Ya desde el
principio existían en la ciudad gran cantidad de
parroquias, Sánchez Cabañas dice haber 27 y poco
después 32, en la ciudad y arrabales, al poco de ser
repoblada la ciudad por Fernando II (...) La
devolución de la diócesis por Fernando II y el
establecimiento en la ciudad del cabildo
catedralicio, fue un atractivo para este estamento
que en la ciudad tengan tan buena representación.
Las diferencias existentes en su seno eran
abismales, pues mientras los obispos eran y se
comportaban como verdaderos magnates, existían otra
serie de cargos intermedios, con una posición social
desahogada, como canonjías, chantres, priores,
abades, arciprestes, etc., y el clero llano, de
condición similar a la de los pecheros, aunque
exentos de pechos.
2.
El acaparamiento económico de bienes muebles e
inmuebles por parte de la Iglesia es grande en
exceso;
desproporcionada para el tamaño de su comarca y la
cantidad de habitantes, 14.000, en el momento de
mayor esplendor.
3.
La población de la base:
campesinos, pecheros, agricultores se van a ir
empobreciendo y van a ir perdiendo los derechos que
tenían en un principio como pobladores. Ellos
tendrán que trabajar para los oratores
(clero) y los bellatores (guerreros), y
tendrían que pagar los impuestos porque los otros
estaban exentos.
4.
El
grupo de la burguesía
que van a hacer prósperas las ciudades de Francia,
Cataluña, Italia y Alemania y que van a preparar las
estructuras del primer capitalismo, en Ciudad
Rodrigo son apenas unas minorías simbólicas
5.
Los continuos privilegios que otorgan los reyes,
ligan y esclavizan a la Iglesia Catedral y sus
funcionarios con la corona, comprometiendo a la
misma Iglesia con las frecuentes y desastrosas
guerras que maltrataron fuertemente la ciudad.
6.
El peso de la ideología religiosa,
cuando es acompañada de contenido económico, deja
huellas seculares en la arquitectura, en las
mentalidades, en el estilo y en la cultura de los
pueblos. Es interesante notar al respecto, el
comentario elogioso, exento de cualquier crítica,
que hacía el historiador y canónigo Hernández Vegas
sobre la riqueza de la Catedral en el siglo XIV.
7.
Finalmente hay otros aspectos muy importantes y que
tienen que ver con las tradiciones, las leyendas,
los mitos... que deben ser tenidos muy presentes
porque la interpretación histórica no debe reducirse
a ningún aspecto particular y pretender que el mismo
sea una variable independiente, una explicación
total y comprensiva de la realidad. Si bien en las
conclusiones se ha hecho énfasis en los aspectos
económicos, sociales e ideológicos, es necesario
recalcar estos otros. Para una gran mayoría de
mirobrigenses de ayer y de hoy, las “historietas
populares” han sido las más importantes y casi las
únicas. La leyenda del oso que bajaba a destruir por
la noche lo que los canteros hacían de día, leyenda
esculpida en una pared lateral; la muerte y
resurrección de Don Pedro Díaz, obispo de la ciudad
que, tras una vida disoluta, por intercesión de San
Francisco, vuelve a vivir un tiempo para purgar sus
pecados -su sepulcro está debajo de un óleo que
ilustra el hecho-; la del obispo Domingo, que se
eligió a sí mismo, y otras historias populares es lo
que se ha escuchado siempre. Tras su apariencia
simpática y simple, esconden verdades muy
importantes y forman parte intrínseca de la cultura
viva de ese pueblo.
Advertencia final:
El estudio anterior
sólo tiene de original el establecer una comparación
entre la catedral de Ciudad Rodrigo y las catedrales
europeas. Los datos en que se fundamenta dicha
comparación han sido sacados de investigaciones
previas que para evitar la pesadez de la constante
referencia a notas bibliográficas han sido
suprimidas aunque sí quiero y debo mencionar las
fuentes:
1.
Para lo referente a la
ciudad y la catedral de Ciudad Rodrigo me sirvo de
los siguientes autores:
- Hernández Vegas, Mateo;
Ciudad Rodrigo, La Catedral y la Ciudad, Tomo I,
Excmo. Cabildo de la Catedral de Ciudad Rodrigo,
2ª Edición (facsímil), Salamanca 1982. (Este es el
autor de referencia principal).
- Bernal Estevez, Angel, Ciudad
Rodrigo en la Edad Media, Asociación Amigos de
Ciudad Rodrigo, Salamanca 1981.
- Nogales Delicado, Dionisio,
Historia de Ciudad Rodrigo, Asociación de Amigos de
Ciudad Rodrigo, 2ª Edición, Salamanca 1982.
- López Simón, Estanislao, Guía
Ilustrada, La Catedral de Ciudad Rodrigo, Cabildo
Catedral de Ciudad Rodrigo, Salamanca 1989.
2. Para lo referente al estudio
de las catedrales y su significado:
Duby, Georges, Europa en la
Edad Media, Paidos Studio, Buenos Aires 1986.
Duby, Georges, La época de las
catedrales, Arte y sociedad 980-1420, Círculo de
Lectores, Barcelona 1999.
Ángel Maria Ríos Espáriz
OTROS
ARTÍCULOS PUBLICADOS EN mirobrigasemanal.es
 |