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mirobrigasemanal.es /
Enero 2008
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Actrices y debilidades, o vidas
nebulosas.-
Dicen que Dios
las elige y Satán las manipula. Son las elegidas,
algunas bellezas millonarias de la noche de Los
Ángeles, las princesas de la extravagancia, algunas
con talento e inteligencia, otras más escasas de
razonamiento y con deficientes dotes
interpretativas. A veces vuelan, a veces se
mantienen, a veces caen. A veces se levantan. A
veces no. Son los iconos de las adolescentes,
algunas aficionadas a la cocaína y a la vanidad, a
conducir el coche de papá, a las orgías, a llevar
los bolsillos llenos de estupefacientes, y a ejercer
una malicia que uno no sabe muy hasta donde
puede llegar. Hasta ríos de sangre corrieron.
Cindy Helders dejó el porno a los veinte años, e
hizo aparición en una serie de televisión, Buscando
el Paraíso. Tuvo cierto éxito, y empezó a mostrar el
dedo corazón a los fotógrafos y algunos críticos.
Había dejado las mamadas y la sumisión de las
actrices de porno para ganar audiencia en una serie
de tono pastel, con madres histéricas, padres
desequilibrados y niñas hiperactivas. En el cine no
le fue tan bien. Hizo una película,
La Calavera Prohibida, malísima, de
absurda fantasía y miedo previsible. Las secciones
de la gran pantalla de los periódicos apuntaban en
estas direcciones: Fracaso de Miss Vodka. Regresa al
porno, Cindy. El alcohol, la merma de una actriz.
Cindy, hasta aquí llegaste, se acabó. Buscando el
paraíso, encontraste el fracaso. Se la vuelven a
meter.
Lo propio para que se levantara y tomara copas de
Absolut como desayuno, para que la malévola Helen
London, su amante cincuentona y protectora
únicamente entre las lindes de ese territorio
llamado éxito, la abandonara, para que participara
en un reality show de estrellas decadentes, para que
Nick Hope –alias Toro, o Semental Hope- le
presentara una demanda de divorcio, para tratar de
superar la depresión con cocaína, para que otras
actrices evadieran su presencia y la repudiaran, y
para que se tirara al vacío desde el ático del Hotel
Planet, el año pasado.
A Tara Duke también le gustaba beber. Cuentan que en
muchas escenas de las películas de terror que
protagonizaba, estaba borracha. Una manera
cualquiera de conseguir la mirada lacrimógena y
húmeda que el director pedía. Sí, le gustaba el
gin-tonic y estrellar coches, y dar positivo en las
pruebas de alcoholemia, y llamar zorra a
la Helders, y hacérselo con los
magnates de las productoras, y viajar por España
–aún recuerdan en Pamplona aquellos Sanfermines, con
una mano en la botella de pacharán y otra en el culo
del director mexicano Lalo Aguirre-, y participar en
auténticas bacanales de sexo y droga. A la pobre
Tara tuvieron que ingresarla en una clínica de
desintoxicación. No sé que demonios pasaría allí,
pero fue como si su vida anterior no hubiera
existido, o fuera un sueño de frivolidad, vanidad y
vicio. Pero aquello fue real, y se lo llevará a la
tumba. Desconozco si se trató de un lavado de
cerebro integral, del esmero y los cuidados de los
mejores profesionales de la psiquiatría, o si tomó
conciencia de la proximidad de una muerte que no
deseaba, y por ello se aferró a Dios, a las obras de
Dickens, a la ópera y a la mano del director de la
clínica. En Hollywood dicen con sorna e
hiriente ironía que va para santa. El camino del
desenfreno nos lleva a Dios, dice ese idiota de
nombre Robert Blue, productor de basuras
cinematográficas y gobernador de California. Menudo
tipo grotesco y ridículo. Por cierto, quiero que
sepan que Tara era una buena actriz, pero nadie en
este mundo le ofreció una buena película.
Katherine Garden´s tiene peso específico en este
desmadre de vidas caóticas y curvas peligrosas.
Heredera de la cadena de hoteles Ophelia, es amiga y
musa del diseñador Kirk Portobello – alias Mariposa
Tanqueray, con lo cual queda delatada su doble
vertiente-. Divaga entre cantante y actriz, y a
decir verdad, cuaja en ambas artes, pero seamos
justos, y demos más peso a la promoción que al valor
artístico. Existe un vídeo en el que la desgraciada
Cindy Helders aparece lamiendo cocaína en un espejo.
De fondo, se oye la voz de Katherine gritándole:
Tienes que esnifarlo, no comértelo, zorra estúpida.
La Garden´s es una de las que hoy sigue en activo
haciendo cine de mediana calidad, comedias de
adolescentes que están todo el día tumbados en el
césped o bebiendo cerveza en el adosado de turno, y
grabando discos de pop extremadamente comercial que
viaja por el amor, la incomprensión, el suicidio y
el respeto al medio ambiente. Entre discos y
películas tiene tiempo para desabrochar las
braguetas de los más poderosos de la industria,
tirar de los pelos a Alice Warner, a la cual
citaremos más adelante, desparramar una lata de
coca-cola light sobre la cara de una azafata, en un
avión, rumbo a Miami, cerrar el Club Taormina de Los
Ángeles y salir del mismo sin bragas y a cuatro
patas, conducir mientras fuma marihuana y llamar
cerdo de mierda al policía de turno, y terminar de
hundir a toda aquella que está apunto de besar el
fango.
Alice Warner es su enemiga acérrima, pero en su
época se lo montaban juntas, o bien reclamaban a
Kevin Turner e iban consumiendo su deseo entre la
lascivia del trío. Pero luego hubo historias de
celos y deslealtad, y ya saben, esa joyita llamada
Katherine Garden´s se quedó con algunos de sus
pelos cerrados en un puño.
Alice siempre está en proceso de volver a nacer –
siempre hay alguien que vuelve a creer en ella-,
estabilizarse con cierta dignidad en su profesión de
actriz, y volver a caer al barro, donde a menudo
encuentra los tacones de Katherine, la Zorrita, como a ella le
gusta llamarla. Todos en Los Ángeles saben que es
asidua de las clínicas de rehabilitación, que podría
llegar a cualquiera con una venda en los ojos, y que
alegra la vista de los médicos y otros enfermos,
porque Alice es guapísima, con esos ojos verdes de
finlandesa que te mantienen la mirada, penetrantes y
briosos. Yo mismo estaría dispuesto a acostarme con
ella cada uno de los últimos días de mi vida,
y de las que hubiera que vivir.
Bebe tanto como un obrero moscovita o un marinero en
tierra tras cinco meses pescando en aguas noruegas.
Es otra princesa de los desastres en estado ebrio:
una pelea con Katherine, siete accidentes de coche y
varias salidas de clubs con los tacones y las bragas
en las manos. Y como añadido a los despropósitos, su
padre, traficante de cocaína, va camino de hundirla,
entrando y saliendo de la cárcel con similar
asiduidad a las idas y venidas de las clínicas de
rehabilitación que hace Alice.
Por cierto, aún no me he presentado. Soy Pancho
Santamaría, natural de Ciudad de Juárez, amigo
cercano y ex–amante de Alice. Ayer perdí el sentido
del tiempo, y en ausencia de orientación, hoy me
desperté guiado por un lazarillo cualquiera, en una
habitación del Hotel Florence con un pómulo arañado
y una cicatriz en la ceja derecha. Y con cierta
sensación de ser el rey de Los Ángeles, de un mundo
difuso que me ha estallado en la cabeza a los cinco
minutos, y me ha devuelto a la realidad. Joder,
tengo una resaca de mil demonios, y los de la
revista Vanity, quieren el relato para esta tarde.
Actrices y Debilidades, o Vidas Nebulosas.
Javier Guerrero
javierdivisa@yahoo.es
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